Historia
Un sitio histórico de la zona de San Carlos area

En el siglo XVIII, durante la era de los patriarcos y barones de café, la familia Yglesias construyó esta grande hacienda de dos pisos en madera como centro de su finca de dimensiones impresionantes.

Rafael Yglesias Castro, un miembro de esa familia y nieto del "Fundador de la República" José María Castro Madriz, sirvió como distinguido Presidente de Costa Rica durante dos terminos de 1894 a 1902.

Don Rafael inició durante su presidencia la línea de tren al Pacífico, construyó el Puerto de Limón, completó el Teatro Nacional, contrató la primera tramvía. mejoró la atención médica en las provincias y introdujo libro de escritores nacionales en las escualas de Costa Rica. Don Rafael usó la Casona Río Fortuna sobre todo como casa de veraneo.

Através de los años, la casona se hizo un lugar muy conocido en la zona. Los trabajadores llegando a San Carlos para buscar empleo se quedaron en la Casona Río Fortuna hasta que encontraron un trabajo o siguieron su camino.

En el pasado, una imporante ruta de conexión sirvió de paso a carretas de bueyes y caballeros. Cuando no se pudo cruzar el Río Fortuna por el nivel crecido del agua, los pasajeros se quedaron una noche en la casona para continuar su camino el siguiente día. En el segundo piso de la casona se operaba también una de la primeras estaciones de telégrafo de la zona.

Mas tarde, la única pista de aterrizaje de la zona se encontrón detrás de la lecheria cercana. Eso convirtió la casona en un etablecimiento comercial importante vendiendo productos importados desde San José en avión. La tienda estaba ubicada en el lugar de la actual oficina y los clientes venían de lejos para comprar artículos que normalmente se podían conseguir en la capital San José.

Los últimos dueños de la finca, la familia Rodriguez, vivió en la casona con sus 23 hijos y los empleados. Se dedicaron mucho a la cría de caballos. Cuando se murió el Sr. Rodriguez, su esposa decidió de salir de la casona.

En este momento decidimos de rescatar la casona con sus entornos para preservarla y la cultura y la tradiciones locales para futuras generaciones.